Isaac Rubén San Frutos Forja

Mi relación con la literatura viene de familia. Mi madre también escribía, y mi padre nos leía a Julio Verne cuando éramos pequeños para dormirnos. Siempre he tenido mucha imaginación, y en la adolescencia, a tenor de las primeras rupturas sentimentales, la poesía se convirtió en un refugio. Más adelante, me gustó escribir sobre otras cosas. Escribo principalmente para entenderme a mí mismo, para dar forma a esa parte del mundo en la que habito. Mis referentes son Neruda, Whitman, Cernuda, entre otros. Me gusta que se me entienda y llegar a la gente. Los poemas del agua los escribí después de un viaje a EE. UU. Allí, cada tarde nos visitaba una tormenta que descargaba su contenido y se iba. La impronta de ese ritual natural me hizo virar hacia lo esencial. Los poemas son una oda al agua como material que conecta al hombre, a las personas con la creación literaria y la escritura. Desde esa metáfora me dirijo a vosotros con la voluntad de que probéis un poco de ese espectáculo, deseando que os guste, una parte de mí está en ellos.